Todo lo que pueda ser software será software.

Misión

Inmersión digital

Mi misión es conseguir la inmersión digital de empresas y organizaciones.

Inmersión o transformación?

Son las personas, quienes hacen la transformación digital, y las empresas deben hacer inmersión digital para seguirlas. Cuando los clientes aceptan la versión digital de algo, no suelen volver a la analógica –excepto algunas minorías por afección, coleccionismo o ideología. La inmersión digital es similar a la lingüística: las personas hablan otra lengua, la digital, que hay que aprender si queremos formar parte de su entorno.

Creo que hay mucho trabajo, en inmersión digital, porque Marc Andreessen tenía razón cuando dijo que «el software se come el mundo en todos los sectores […] En el futuro cada empresa se convertirá en una empresa de software».

La reflexión del Andreessen es de agosto de 2011. Su contexto es que la tecnología digital había alcanzado la madurez y potencia necesarias para estar en todas partes. No menciona la inteligencia artificial, porque en 2011 todavía era una anécdota. Hoy, con la inteligencia artificial abundante y asequible, la predicción de Andreessen es aún más real.

Gracias a la inteligencia artificial hoy podemos procesar los datos desestructurados, que es el 90% de la información y que no era fácil de tratar a principios de siglo XXI. Se trata de la información que la IoT ve, escucha, huele, toca y paladea. La IoT es ni más ni menos que los ojos y oídos de los sistemas digitales; también su nariz, tacto y paladar. Hemos llegado muy lejos con los ordenadores de la tercera revolución industrial, que eran sordos y ciegos, sin tacto, olfato ni gusto. ¿Hasta dónde podremos llegar ahora?

Conseguir que sistemas digitales exponenciales –según la ley de Moore– vean, escuchen, huelan, toquen y saboreen no es sólo una revolución industrial: es cambiar de periodo.

El neolítico comenzó con la ocurrencia de cultivar trigo. Más adelante aprendimos sobre metales y a escribirlo; después a publicar todo lo que sabíamos con la imprenta. En sólo doscientos años de los 12.000 desde el inicio del neolítico –los doscientos años de las tres revoluciones industriales– hemos mecanizado la producción y el transporte del trigo, además de todos los derivados de aquella ocurrencia. Pronto todo esto será software, el trigo también. Por ello, podemos decir que estamos a punto de inaugurar un nuevo período el bitolítico.

Los cambios importantes suelen dar miedo. Si los cazadores-recolectores del paleolítico hubieran pedido un informe sobre qué supondría cultivar trigo, posiblemente habrían impuesto penas severas para cualquiera que cometiera agricultura. Casi dos millones de años antes, el fuego fue una nueva tecnología que daba miedo porque quemaba, mataba y destruía pero dominarlo fue la única manera de seguir evolucionando –parte III del libro Europa frente a EE.UU. y China. Prevenir el declive en la era de la inteligencia artificial, por Andrés Pedreño y Luis Moreno.

Si tienes pan –hecho con el trigo que cultivamos desde el neolítico– y lo pasas a alguien, sólo él tendrá pan. Si tienes fuego y lo pasas a alguien, ambos tendréis fuego. Si tienes un programa y haces una copia, que pasas a alguien, los dos tendréis el mismo programa. A partir de aquí, con la llama o con el software, cada uno podrá iniciar un proyecto diferente.

El fuego y los bits son las materias primas más revolucionarias que nunca hemos tenido.

Los bits han servido para construir la inteligencia artificial, que es la herramienta más potente de la historia de la humanidad. Hará que todo aquello que pueda ser software sea software, y que casi todo sea muy diferente de lo que tenemos ahora.

Por todo ello, no basta hablar de la cuarta revolución industrial. Los cambios sociales, culturales, económicos y políticos que llegan con la inteligencia artificial no se podrán equiparar a los cambios que han provocado las revoluciones industriales de los últimos doscientos años. Vamos hacia un cambio de período; hacia el bitolítico.

Digital transformation

De la transformación a la inmersión digital

El mayor beneficio de la inmersión es que estimula el pensamiento lateral. Si sólo nos transformamos, posiblemente continuaremos haciendo lo mismo, pero transformados en otra cosa.

Los bits son la materia prima más revolucionaria después del fuego.

Visión

Bitólogo

Soy bitólogo tecnooptimista y trabajo en inmersión digital.

Hoy el bit es un concepto bastante amplio, pero cuando empecé casi sólo servía para llevar cosas susceptibles de ser tabuladas: contabilidades y asuntos relacionados. Ahora los bits sirven para crear nuevas formas de cultura y pueden tratar información desestructudada –cosa que los aleja definitivamente de las tabuladoras. Ha suecedido, en buena parte, gracias a internet y el software libre.

Sin el software libre e internet posiblemente ya no sería bitólogo.

Cuando empecé llamar «bitólogo» al oficio, en Google casi no había entradas —sin accento menos todavía, y tampoco no se hablaba demasiado de bitologia.

Además de trabajo, la bitologia para mi también es una afición.

Si lo puedes oír, lo puedes digitalizar…
Si lo puedes ver, lo puedes digitalizar…
Si lo puedes pensar, lo puedes digitalizar…
Si lo puedes digitalizar, lo puedes publicar en Internet…
Si lo puedes publicar en Internet, personas de todo el mundo lo podrán ver, oír y compartir.

Tendencias en la Sociedad de las Tecnologías de la Información. Cursos de verano 1997. Universidad de las Islas Baleares.

Esto sucedía en 1997. En el 2015, si lo puedes tocar también lo puedes digitalizar.

Valores

Tecnooptimista

La incertidumbre me estimula, y soy bitólogo tecnooptimista. Intento contagiarlo, pero no siempre es fácil. No lo abandono porque no sea fácil, sino todo lo contrario, porque eso también me estimula; es muy interesante buscar nuevas formas de explicar algo tan importante para la sociedad.

En un artículo de opinión para VIA Empresa intenté explicar la importancia de ser tecno-optimista. Si no lo somos, no podremos superar una fase inevitable en cualquier proyecto digital: la decepción.

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